A modo de prólogo

Coge esa carta absurda de banco que el cartero ha dejado en tu buzón, a pesar de que en las señas dice claramente que es para tu vecino. Dale la vuelta y mira ese pequeño formulario en el reverso del sobre: “Por favor, señor cartero. En caso de devolución indique el motivo. Desconocido. Rehusado. Fallecido. Marchó sin dejar señas”.

Si quisieras amargarle la vida a tu vecino, amargársela de verdad, podrías escribir “Fallecido” y volverla a meter en el buzón. Entonces, es posible que tu vecino viera sus cuentas bloqueadas a la espera de una testamentaría. No lo sé, porque nunca he trabajado en un banco. Pero sí se que si de verdad te llega una carta para un desconocido y lo indicas en el sobre, te dejarán de llegar cartas para esa persona.

Es un sistema cojonudo, ¿verdad? ¡Ya podían inventar algo así para el email! Lástima que el correo en papel sea un invento tan reciente, y que sus innovaciones todavía no se hayan podido aplicar a la era del viejo internet, ese dinosaurio de los años noventa del siglo pasado. ¿Qué dices? ¿Que el correo en papel existía antes que internet? ¡No jodas!

Ahora abro mi correo electrónico. Un correo con un contrato de una empresa de telecomunicaciones española. En el pie del correo dice tres cosas: primera, que ese correo está destinado exclusivamente a su destinatario. Segunda, que en caso de que llegue a otra persona se avise a la empresa de telecomunicaciones. Tercera: que ese correo no admite respuesta. Un poco contradictorio, ¿verdad?

Es jodido que te llegue el contrato de la compañía O… de un tipo de Barcelona, con su DNI (cédula), dos teléfonos, su dirección y su número de cuenta y que tengas que buscar un correo electrónico válido de la compañía y después de avisarles aún te sigan diciendo que no pueden corregir el dato, porque tú no eres ese señor. Me pregunto si el banco, cuando le devuelvan la carta diciendo que alguien está muerto, pedirá al remitente algún dato identificativo. Demuéstreme que usted está muerto, y así.

Pero más jodido es que contactes a la empresa por correo, por tuitter y por burofax, que denuncies ante las agencias gubernamentales el caso y, como lo has denunciado cuando llevabas solo 10 días diciéndole a la empresa que te borrase de su absurda base de datos, no pase nada. Debes esperar a contactarla después, cuando sesenta días después de decirle cada semana que no eres tú ese tipo, te envíe un correo apremiando al señor J, de Barcelona, a pagar por un móvil que quizá nunca haya recogido porque no le llegó la información de que ya lo tenían en la tienda.

Por eso he decidido mirar el lado alegre de la vida y reflejar en forma de comedia mis ridículas disputas con el correo electrónico. Espero que ello divierta a alguien.

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